Los poemas “Cosas de casa” y “Ellos y el vacío”, publicados en este espacio con la autorización expresa de Miguel Ávila Cabezas, pertenecen a La casa del Aire; Alhulia, Salobreña (Granada), 2003, págs. 25 y 30.
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COSAS DE CASA
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“Yo os elegí a vosotros, no vosotros a mí”.
(Del Evangelio)
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En la olla se cuecen todas las verdades:
calabaza y lentejas, zanahoria y cebollas,
(en la olla) patata y tiempo.Arde el mar de San Pedro
(va el navío) en un rumor incierto
donde no cabe más
que el secreto de un niño o el silencio de un muerto.
Arde el mar
Como una piedra hundida en lo concreto.(Cielo y tierra… tierra y cielo…
frío y noche… nieve y fuego…)
Mira mis ojos:
soy un sueño que nace de otro sueño,
un enigma que ronda las palabras,
soy un sol que se funde en el desierto
de la nada y la vida,
soy el cuerpo y la sed del universo,
soy el agua y la arena
y la luz que persigue los recuerdos.Mira mis ojos: ya me muero.
(En el fin
soy el dios de la sombra
desolado a la puerta del misterio.)
Arde el mar. Calla el viento. |
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El Jurado del I Premio Nacional de Poesía “Areanl de Sevilla”, formado por los poetas Juan Andivia, Juan Carlos Marset y José Antonio Gómez-Coronado, reunido en Sevilla el 9 de abril de 2003, acordó galardonar a La casa del aire (2003), obra original presentada por Miguel Ávila Cabezas Miguel Ávila Cabezas (Granada, 1952) es Doctor en Filología. Crítico teatral y literario, ejerce la docencia en el área de Lengua y Literatura española, además de ser miembro del Grupo de Investigación del P.A.I. de la Junta de Andalucía (Universidad de Almería).
Desde 1996 dirige las “Páginas literarias” del semanario El Faro, de Motril –decano de la prensa de Andalucía oriental-, así como las colecciones de poesía “Palabras Mayores” y “Serie Abierta” de la editorial Alhulia.
De entre distintas obras y ensayos, es también autor de los poemarios Fe de vida (o da lo mismo). Antología última (1998), Aguas salobres (1999), Huellas de sombra (2002), Nuevo refranero universal (2002).
La casa del aire (2003), según su autor, “se centra en los universales de toda la vida: el amor, el dolor, el enfrentamiento irónico y crítico ante la realidad, la desesperanza también, y la muerte que no tiene por qué significar olvido o acabamiento definitivos”.








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